lunes, 8 de octubre de 2007

“La muerte es seguro como la vida”

La dama negra o la pálida cara. Una tormenta de llanto o felicidad por lo que puede pasar en el más allá.
¿Se muere tal como se fue en el impas de la vida?
Algunas partidas son innecesarias y muy poco merecidas.
Muchas personas se van sufriendo, con lágrimas de ahogo en la cara, sintiendo la descamación de sus huesos, de su carne, rompiéndose, desangrándose, y solo quisieron intentar encontrar el camino hacia la felicidad y darle alegrías a otros, con el único objetivo de mostrarle los dientes a la vida y cambiar a este mundo podrido y triste.
Otros esperan bajarse del tren, pisar el freno, disfrazarse de lo que no son y esperar con muecas de deseo o de espanto a que les llegue el fin.
La muerte es el fin del trayecto de los años, es una etapa de más de la cadena natural existencial, es la conclusión de la vida, es un paso más que nos aleja de la tierra.
Cuando un ser querido parte nos queda una espina en el ojo, un hueco en el pecho, un sentimiento de angustia al saber que a nadie se lo puede reemplazar cuando juega el corazón, por más traicionero que este sea.
La muerte es ese paso que no podemos evitar saltear, es esa ficha que sabemos que en algún momento, preciso o no, va a caer en nuestro tablero y nos va a marcar Game Over, es esa tormenta que desata furia, rencor y una profunda soledad en el interior de los que alguna vez nos acompañaron en el camino.
La vida es un regalo que nosotros no elegimos, es un don que nuestros padres planearon, es el orgullo de traer a un nuevo ser al mundo.
Pasamos nueve meses dependiendo nada más que de esa persona, de ese ángel, al que luego le diremos Mamá. Más tarde nos chocamos con brazos fuertes que nos acarician y ese es Papá.
A largo de los pasos que vamos marcando en la alfombra nos complementamos con hermanos, con primos, con abuelos, con tíos. Las relaciones que vamos enfrentando pueden llegar a tornarse difíciles o no.
Después cosechamos amigos, maestros, conocidos. Más tarde pintamos corazones o escribimos nombres en código y nos damos cuenta de que nos llego el amor.
Y con el correr de los años volvemos a repetir la historia de nuestros ancestros, albergamos y protegemos a nuestros hijos cuando todavía no se puede defender y la historia vuelve a escribirse pero ahora con otros nombres y otras caras.
Siempre hay que sufrir para poder reír luego, nunca estamos del todo bien porque eso seria perfecto y la perfección en esta vida no existe, aunque siempre hay que buscarla.
Los sueños nos ayudan a intentar ser mejores, las ilusiones se van perdiendo, pero cuando se pierden nace un nuevo anhelo.
La muerte es tan segura como la vida. Si alguna vez nacemos quiere decir que también alguna vez vamos a partir.
Si en este momento estamos sentados leyendo, escuchando música o compartiendo un mate con amigos, es porque dos personas con sus defectos y virtudes lo decidieron, es porque un hombre le dio la mano a una mujer cuando supieron de nuestra existencia, es porque Mamá y Papá quisieron optar por nuestra vida.
Sabemos que alguna vez no nos van a ver más, sabemos que esa partida a un lugar desconocido no se puede cambiar, por eso cuando nos toque, y ojala que sea dentro de muchos años, recibamos a la muerte estando seguros de que valió la pena que dos personas del sexo opuesto apostaran por nosotros y salgamos a ganar en otro campo que aunque sea celeste cielo o gris aburrido es otra etapa que nos espera cuando cerremos definitivamente los ojos.
Mariana Vaira

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