Personajes:
La Madre
La hija
Doctor Kevin
El Diputado
Consultorio médico. La madre llega con su hija, que está embarazada y padece de retraso mental. Ingresan por la puerta, urgentes. Las recibe el doctor Kevin. El lugar no luce muy higiénico.
MADRE: Doctor, necesito pedirle un favor…
DOCTOR KEVIN: Yo no hago favores, señora.
MADRE: Le ruego me atienda. He notado el vientre hinchado de mi hija y he realizado que está embarazada. No sé cómo pudo suceder. La desdicha persigue a mi familia. Oh, doctor, le suplico utilice sus saberes tan bien adquiridos para evitar este nacimiento.
DOCTOR KEVIN: Yo no hago favores, señora.
MADRE: Por favor, doctor. Sólo mírela, pobrecita. (Sujeta la cara de la hija con una mano. La joven tiene la mirada perdida. Un hilo de baba le chorrea.) ¿No ve que está sufriendo?
DOCTOR KEVIN (Solemne): Le suplico me perdone, respetable dama, pero hay algo que debo confesarle: Yo soy el padre de ese niño.
MADRE: Si, ya sé. Todos, en tanto miembros de esta sociedad corrupta y egoísta, somos progenitores del hijo que espera mi niña, producto infame de un mundo infame.
DOCTOR KEVIN: No, señora, no me malinterprete. Soy el padre de ese niño, más allá de cualquier metáfora. (Se acerca un paso hacia la pareja.) ¡Y no estoy dispuesto a permitir que usted lo mate! (Se agacha y sujeta de las piernas a la muchacha. Instantáneamente, la madre la toma por los brazos.)
MADRE: ¡Suéltela, hombre horrendo!
Los dos comienzan a tirar de la chica hacia lados opuestos. Terminan por partirla en dos por la cintura, de modo tal que cada uno se queda con un pedazo. Las vísceras de la muchacha quedan esparcidas por el suelo, y abundante sangre mancha el decorado y a los dos personajes sobrevivientes. El feto queda tirado en el medio. Produce leves movimientos y tenues sonidos que señalan que aún está con vida.
DOCTOR KEVIN: Oh, mire lo que ha hecho. Por suerte me tocó la mejor parte, la única de real importancia. (Se quita los pantalones y hace lo propio con la mitad de cuerpo que quedó en su poder. De inmediato, comienza a amar convulsionadamente a la otrora niña.)
MADRE (Horrorizada): Ahhhhhhhh! (Cae fulminada.)
Ingresa a escena el Diputado, dando una vuelta carnero por una ventana. Luce una ancha bata marrón de forma triangular que le queda corta, de modo tal que se le alcanzan a ver los calzoncillos. El personaje mismo parece más una figura geométrica que un ser humano.
DIPUTADO (Corre hacia el centro del escenario. Se dirige al público, gritando): He venido para impedir, bajo toda circunstancia, que aquí se perpetre un hecho aberrante, un hecho –hombres, mujeres, homosexuales y lombrices solitarias del público– que atenta contra la vida misma, contra la civilidad de la República y contra la familia. Es un acto inmoral, que bajo ninguna perspectiva debe tener lugar en nuestra sociedad, una sociedad de derechos humanos, queridos compatriotas. Malditos aquellos a favor del aborto, porque se oponen al divino don de la vida que Dios nos dio y que es innegociable. Y también malditos aquellos en contra del aborto, por mezquinos e hipócritas, por egoístas y asesinos silenciosos. (Hace una pausa.)Ahora, díganmén: ¿En dónde está ese bebé? Verán que no es necesario acabar con la incipiente vida de un niño. Siempre se puede tenerlo, y si no se lo desea, pues entréguenlo a las autoridades. De inmediato será puesto en adopción, y tendrá la chance de que una pareja heterosexual amorosa –y, digámoslo ya, un poco frustrada por su infertilidad– le de un hogar. Aunque, es cierto, lo más probable es que crezca en alguna de nuestras instituciones. Si tiene suerte, no abusarán sexualmente de él hasta los ocho o nueve años, si no se escapa antes. Entonces, ¿y el niño?
DOCTOR KEVIN (Continuando su cópula): Mucho me temo, oh, ilustre Diputado, que, ah, usted ha pisado al feto-ohhhhh (Termina la frase en un orgasmo.)
DIPUTADO: Oh… Bueno…Esto es asqueroso… ¿No tendría una servilleta de papel? (El doctor Kevin le entrega una y el Diputado prosigue a limpiarse el zapato con el que aplastó al bebé) Gracias. Ahora debo rajarme, la policía no tardará en llegar.
El diputado sale de escena por la misma ventana de antes, dando una vuelta carnero. El doctor Kevin sale corriendo por la puerta al mismo tiempo que intenta ponerse los pantalones. Las luces se atenúan. En la oscuridad se llega a percibir a la madre elevando con dificultad la cabeza del suelo. Mira aturdida el escenario y vuelve a caer, muerta al fin.
MADRE: Doctor, necesito pedirle un favor…
DOCTOR KEVIN: Yo no hago favores, señora.
MADRE: Le ruego me atienda. He notado el vientre hinchado de mi hija y he realizado que está embarazada. No sé cómo pudo suceder. La desdicha persigue a mi familia. Oh, doctor, le suplico utilice sus saberes tan bien adquiridos para evitar este nacimiento.
DOCTOR KEVIN: Yo no hago favores, señora.
MADRE: Por favor, doctor. Sólo mírela, pobrecita. (Sujeta la cara de la hija con una mano. La joven tiene la mirada perdida. Un hilo de baba le chorrea.) ¿No ve que está sufriendo?
DOCTOR KEVIN (Solemne): Le suplico me perdone, respetable dama, pero hay algo que debo confesarle: Yo soy el padre de ese niño.
MADRE: Si, ya sé. Todos, en tanto miembros de esta sociedad corrupta y egoísta, somos progenitores del hijo que espera mi niña, producto infame de un mundo infame.
DOCTOR KEVIN: No, señora, no me malinterprete. Soy el padre de ese niño, más allá de cualquier metáfora. (Se acerca un paso hacia la pareja.) ¡Y no estoy dispuesto a permitir que usted lo mate! (Se agacha y sujeta de las piernas a la muchacha. Instantáneamente, la madre la toma por los brazos.)
MADRE: ¡Suéltela, hombre horrendo!
Los dos comienzan a tirar de la chica hacia lados opuestos. Terminan por partirla en dos por la cintura, de modo tal que cada uno se queda con un pedazo. Las vísceras de la muchacha quedan esparcidas por el suelo, y abundante sangre mancha el decorado y a los dos personajes sobrevivientes. El feto queda tirado en el medio. Produce leves movimientos y tenues sonidos que señalan que aún está con vida.
DOCTOR KEVIN: Oh, mire lo que ha hecho. Por suerte me tocó la mejor parte, la única de real importancia. (Se quita los pantalones y hace lo propio con la mitad de cuerpo que quedó en su poder. De inmediato, comienza a amar convulsionadamente a la otrora niña.)
MADRE (Horrorizada): Ahhhhhhhh! (Cae fulminada.)
Ingresa a escena el Diputado, dando una vuelta carnero por una ventana. Luce una ancha bata marrón de forma triangular que le queda corta, de modo tal que se le alcanzan a ver los calzoncillos. El personaje mismo parece más una figura geométrica que un ser humano.
DIPUTADO (Corre hacia el centro del escenario. Se dirige al público, gritando): He venido para impedir, bajo toda circunstancia, que aquí se perpetre un hecho aberrante, un hecho –hombres, mujeres, homosexuales y lombrices solitarias del público– que atenta contra la vida misma, contra la civilidad de la República y contra la familia. Es un acto inmoral, que bajo ninguna perspectiva debe tener lugar en nuestra sociedad, una sociedad de derechos humanos, queridos compatriotas. Malditos aquellos a favor del aborto, porque se oponen al divino don de la vida que Dios nos dio y que es innegociable. Y también malditos aquellos en contra del aborto, por mezquinos e hipócritas, por egoístas y asesinos silenciosos. (Hace una pausa.)Ahora, díganmén: ¿En dónde está ese bebé? Verán que no es necesario acabar con la incipiente vida de un niño. Siempre se puede tenerlo, y si no se lo desea, pues entréguenlo a las autoridades. De inmediato será puesto en adopción, y tendrá la chance de que una pareja heterosexual amorosa –y, digámoslo ya, un poco frustrada por su infertilidad– le de un hogar. Aunque, es cierto, lo más probable es que crezca en alguna de nuestras instituciones. Si tiene suerte, no abusarán sexualmente de él hasta los ocho o nueve años, si no se escapa antes. Entonces, ¿y el niño?
DOCTOR KEVIN (Continuando su cópula): Mucho me temo, oh, ilustre Diputado, que, ah, usted ha pisado al feto-ohhhhh (Termina la frase en un orgasmo.)
DIPUTADO: Oh… Bueno…Esto es asqueroso… ¿No tendría una servilleta de papel? (El doctor Kevin le entrega una y el Diputado prosigue a limpiarse el zapato con el que aplastó al bebé) Gracias. Ahora debo rajarme, la policía no tardará en llegar.
El diputado sale de escena por la misma ventana de antes, dando una vuelta carnero. El doctor Kevin sale corriendo por la puerta al mismo tiempo que intenta ponerse los pantalones. Las luces se atenúan. En la oscuridad se llega a percibir a la madre elevando con dificultad la cabeza del suelo. Mira aturdida el escenario y vuelve a caer, muerta al fin.
Telón.
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