Primera parte
Natalia Barcia
Los gritos atravesaban las finas paredes del departamento donde David vivía con su padre. La voz aguda y penetrante de una joven enloquecía los pasillos que comenzaban a habitarse de curiosos testigos.
- Sos un enfermo, David – reprochó Marina, luego del brutal empujón que el novio le propinara.
David se movía por el departamento como un león enjaulado mientras pronunciaba una y otra vez una frase que ella no comprendía. Su bronca la volvía inmune a las palabras.
Aquella fue su última batalla sin ganadores del amor.
El abandono no fue sorpresivo de ella para David; los celos de David se habían vuelto recurrentes y avasalladores, insostenibles, asfixiantes. “La novedad del sentimiento amoroso conturba, casi asusta, y trastorna la vida de un individuo poco acostumbrado a tales descargas y cargas de emoción”, le decía un excéntrico vecino de David, Roberto, en cada ocasión que el tiempo del ascensor los juntaba por seis pisos.Luego de la determinante discordia, la ciudad de Santa Agua se volvió para el joven oscura y triste; los altos edificios lo abrumaban y sus calles húmedas y lúgubres lo condujeron sin certezas hacía el puerto, donde transcurrirían hechos de una historia que merece ser contada.
La lluvia torrencial golpeaba ferozmente sobre el único letrero iluminado y entre intermitentes destellos naranja se intuía, más que leer, “La Calumnia”. Allí, en busca de refugio, entró David, aquel martes 13 de 2006. Desolado bar que entre mesas de pino de color negro y luces tenues albergaba detrás de la barra a un hombre de unos 50 años que, con mirada fría y fulminante, fijo sus pupilas en las pupilas del joven.
-¿está abierto?- preguntó David con timidez.
-Usted me lo puede responder- contestó Héctor dando una indicación con un veloz movimiento de cabeza que se dirigía al cartel de la puerta que desde aquella perspectiva decía “cerrado”.
Sin cruzar palabra el muchacho con pasos largos se sentó en la primera mesa que sus pies golpearon, luego se tocó los bolsillos para verificar una vez más que traía dinero para alguna consumición, aunque al menos fuera agua. Fue ahí cuando la gruesa vos del cantinero intervino en la acción.
-No busques plata, entraste por un techo y no por una birra. Vení, sentate acá.
David se acercó a la barra, y sin dudarlo se sentó en la banqueta que estaba justo enfrente del cantinero que del otro lado parecía “el jefe”. Héctor destapó una cerveza y con una hábil inclinación de arriba hacia abajo colocó sobre la barra dos vasos largos que llenó de la bebida. El silencio incómodo lo colocaba al joven en situación de desventaja, pensaba qué decir para que un diálogo los hiciera de igual a igual. Luego de un sorbo largo preguntó:
-Así que… ¿está casado o algo así?
El señor que estaba a punto de ingerir la cerveza helada bajó el vaso y apoyándolo sobre la mesa con la cabeza gacha sonrió. Levantó su rostro y con mirada agresiva rezongó.
-Ay pibe, si tuviera esposa no estaría perdiendo el tiempo con vos. Por eso está claro que vos tampoco tenés novia. Esta es tarde de enamorados y de tipos solos como nosotros.
-Yo tenía, pero me dejó. Al final, las querés y se asfixian, las ignoras y se enojan. Dice que soy un enfermo de los celos, y creo que tiene razón.
-A las mujeres hay que cuidarlas, son piedras preciosas pero sin dueño.
David continúo hablando como si no hubiese escuchado las palabras del hombre.
-Mi vieja se fue cuando yo tenía 10 años y mi viejo nunca se recuperó. Esto es culpa de ella, las mujeres son como el agua, se te escapan de las manos.
Continuaron durante la noche dialogando sobre las mujeres y sus consecuencias. Ahí comenzó la amistad entre David y Héctor.
Los días siguientes fueron iguales, David entraba al bar y se sentaba en la barra a hablar largo y tendido con su amigo. De vez en cuando alguna pelea o personas llamativas hacían diferentes las veladas. Tal es el caso de aquel domingo en donde una continuidad de personas transitó el bar dejando algo de ellas en el aire o en el pensamiento del muchacho.
La puerta del bar se abrió y por ella ingresaron “el Rengo” y Sergio. David los conocía de una especie de feria que hacían en el puerto, donde el lisiado cuidaba autos y hacía algún que otro trabajito a los vendedores de la misma. Ambos se sentaron en la mesa que estaba sobre la ventana y conversaron por un largo rato. Cuando estos dos se retiraron, el joven se percató que habían olvidado una llave pero supuso que volverían por ella.
Aprovecharía el regreso del Rengo para preguntarle por su ortopedista, ya que el muchacho sufría de un recurrente dolor de espalda provocado por su pie plano. Luego, analizó que quizás tan buen médico no le recomendaría, porque el Rengo hacia un tiempo no “andaba” bien. Lanzó una breve carcajada.
El bar estaba concurrido así que en ayuda a Héctor se acercó a limpiar la mesa. Al terminar de pasar el trapo húmedo sobre la madera pintada giró su cuerpo y se topo con una bella joven de piernas largas que podían apreciarse por su corta falda y sus tacos altos que más la estilizaban. Cruzaron miradas y por un momento el tiempo se detuvo y se encontraron lejos del bar.
Bruscamente dos mujeres de unos 25 años entraron al lugar. Comenzaron a hablar y la atención del chico no pudo escapar de aquella escena. Sólo lo lograba por instantes, mientras veía como la bella dama tomaba de la mano y sacaba del lugar a un hombre alto apodado por la gente del puerto como “el solterón”, habitué del bar. Volvió a mirar a las dos mujeres, y aunque el ruido impedía entender, observaba los labios e imaginaba el resto.
-No sé si será lo correcto, Nieve- señaló una de ellas.
-¿quién determina lo correcto, Irma? Somos dueñas de una vida, y prefiero a tiempo evitar lo que puede pasar. ¿O no te diste cuenta lo que va a suceder?
-Podría ser el destino, o esas cosas sobrenaturales que tienen una razón especial.
-Para su poca fortuna…acá no hay lugar en lo sobrenatural, y el espacio es poco.
Irma cruzó las piernas de manera insinuante mientras miraba a David quien le correspondió con una sonrisa. Acto seguido las mujeres se pararon para retirarse sin haber consumido nada y dejando una incertidumbre oscura flotando inerte en el aire que resonó en el pensamiento del joven. La muchacha provocante al cerrar la puerta lo volvió a mirar y se rió.
Al día siguiente David caminaba por el puerto cuando se encontró con “el solterón”. Se sentaron conversar en una baranda mientras miraban al río.
-Rubio ¿viste la hembra que me llevé del bar?- alardeó el solterón- que mina!...le tire unos pesos porque andaba seco, pero era pa´ pagarle fortuna. Me dijo que se llamaba Emma Zunz o algo así, ¿qué me importa a mí su nombre?
-No me pareció que fuese una prostituta-añadió David- pensé que era algún levante tuyo.
David se paró con actitud de fastidio y entró al bar. Héctor estaba hablando con un hombre en una mesa así que se fue a la barra y ahí se apoyo, sostenido por su brazo y colocando la mano en la mejilla se puso a pensar. Se repetía una y otra vez “no era una cualquiera, es hermosa, es delicada, no era una prostituta del montón, no era una prostituta. Tan linda en los brazos del Solterón, que desperdicio. Pero no, si estuvo en sus brazos puede estar en los de cualquiera, otra mujer como el agua”.
La imagen de la dama cruzando sus piernas y sonriéndole en la mesa le detuvo el pensar, de pronto Emma Zunz desapareció y él volvió a recordar el amor.
Segunda parteIrene Hermann
De repente irrumpe en “La Calumnia” Irma, pues era necesaria e imprescindible su aparición en aquel preciso instante. La expresión en el rostro del joven había cambiado notablemente al ver a aquella mujer, más sabiendo que en ese momento lo mejor que le podía pasar era tropezarse con alguna cortesana que le quitara de su mente los episodios frustrantes con las mujeres que lo marcaban a fuego.
Sin vacilar siquiera un segundo David se acercó a ella, pues unos días antes ambos habían cruzado miradas. Pero lo que no sabía el joven era que en esta oportunidad la presencia de Irma le iba a dar un giro a su agónica existencia. Las piernas de Emma Zunz se volvieron borrosas, confusas, inaceptables. Debía quitar de su mente aquella prostituta, que de prostituta solo tenia su mentira.
Fuera del bar, en el puerto, se oían los bullicios de los barcos pesqueros que devolvían a Santa Agua a los pescadores que llegaban de alta mar, mucha gente reunida que esperaba ansiosa a sus seres queridos luego de un largo viaje parecía desbordar de alegría y entusiasmo. Sin embargo los ruidos y gritos no afectaban a los clientes del bar. David había comenzado a charlar con Irma.
-Usted no frecuentaba este lugar hasta hace unos días, ¿no es así?-con mirada de enamorado le dijo el muchacho a la dama.
-Sí, es así. Y usted tampoco había concurrido antes a este lugar hasta días atrás.-replicó la mujer en tono bastante irónico.
-¡Parece que la joven sabe mucho de mi!
-Más de lo que se puede llegar a imaginar.
La charla se había vuelto densa e irritante para Irma, se sentía disgustada por el tiempo que debía perder con aquel joven. Para David era lo mejor que le podía estar pasando, de su mente se habían alejado todos los pensamientos que lo llevaban a sufrir, y entre risas y gestos le demostraba a la muchacha el amor agitado que le hacia sentir.
Luego de varios intentos por querer llevarla a un sitio más intimo, Irma esperó el momento oportuno y no dudó en levantarse y desaparecer fugazmente de “La Calumnia”. Cuando David se percató de que ella ya no se hallaba en el bar comenzó a mirar por los grandes ventanales que daban a la multitud de gente que estaba congregada en el puerto y pensó que quizá la joven se había perdido entre tantas personas.
Él pensaba en ella, era una obsesión y tan solo habían transcurrido algunas horas de la repentina evaporación de Irma. Pero lo que en verdad lo impacientaba era no saber nada de ella, más que su nombre. Su preocupación iba más allá de la presencia de aquella joven, lo que aturdía y sacudía a David hasta enloquecer era que no sabia su dirección o teléfono, donde trabajaba o dónde podría ubicarla.
-Es tan grande la ciudad, puede que no la vea más-angustiado le comentaba el joven a Héctor.
- Tenés que pensar que tal vez ella no era para vos. Es una muchacha que apareció un día de la nada, y así como vino, se fue. Y como ya te dije un día... un día. -David ya había comenzado a impacientarse con el cantinero, sentía que se estaba burlando de él.
-También si queres puedo ser positivo y decirte que va a volver mañana mismo. Pero para serte sincero, amigo, -Héctor notó que el joven había cambiado su expresión- como decís que es para vos entonces mañana a primera hora seguramente la tenés sentada en aquella mesa, esperándote- y moviendo la cabeza la señaló
Aquella noche fue para David un verdadero infierno, su mente se perdía en la muchacha del bar, recurría una y otra vez a expresar entre sueño balbuceos indescifrables, solo pensaba en ella, en su mirada aguda, en su tono irónico y a la vez discreto con el cual se había dirigido hacia él. El dolor que lo aquejaba iba mas allá del alma, lo que agobiaba al joven también era el insoportable dolor de columna.
Tras las cortinas del cuarto ya se vislumbraban las primeras luces del día y David Lago seguía escapando a la realidad, a su doliente realidad, a la realidad que lo golpeaba y hería a su antojo cada vez que se lo proponía.
Fue así que comenzaron a resonar en su cabeza las palabras de Héctor:”Mañana a primera hora seguramente la tenés sentada en aquella mesa, esperándote”. Somnoliento, se levantó de un salto, estaba casi dormido, a los manotazos agarró un pantalón y una campera y partió hacia “La Calumnia”.
Allí, en una mesa se encontraba Irma. Él logró verla cuando faltaban algunos metros para entrar al bar y su corazón comenzó a latir frenéticamente. David entró al lugar alegre y airoso, no quería que Irma se diera cuenta del interés que despertaba en él. Pero a pesar de no demostrar indicio alguno de su entusiasmo al ver a Irma, la dama sabía perfectamente los sentimientos que ella avivaba en el atractivo muchacho.
Y ese mismo día comenzaron una relación poco seria pero que a David le devolvía la esperanza de poder encontrar en una mujer la pasión y frenesí por “vivir” que le habían arrebatado las `señoras` a lo largo de los años.
Los momentos que compartían ambos eran fugaces. La relación que Irma tenía con David no le despertaba emociones, siquiera ella pensaba en él como una nueva guía para frescas y atrapantes historias. Era un juego, un juego de historias que debían entrecruzarse por alguna razón.
Pero el joven había comenzado a enloquecer y a cada momento se preguntaba qué era lo que escondía esa mujer. Sin dudar David se replanteaba una y otra vez su “vida”, y le resultaba extraño no comprender ciertos episodios que le habían ocurrido en su camino. El amor que sentía por Irma lo hacia olvidar de todo lo malo y de los fantasmas que le rondaban en la cabeza cada vez que la muchacha partía de su lado.
Cierta vez Roberto, el curioso vecino del edificio, le reprodujo a David las siguientes palabras, que en esta ocasión concuerdan perfectamente con los sentimientos a los cuales se enfrentaba el muchacho: “Los celos constituyen un sentimiento inferior, bajuno. El hombre, cela casi siempre a la mujer que no conoce, que no ha estudiado, y que casi siempre es superior intelectualmente a él”. Puede que suene arrogante, pero esa es la inmutable realidad de esta historia.
Pensativo se encontraba David, sentado en la barra de “La Calumnia”, cuando repentinamente Héctor lo despertó del viaje efímero en el cual estaba sumido:
-¿Qué es lo que te anda pasando? ¿Pensás en Irma?-el cantinero se dirigió a David en tono arrabalero. A esa altura ya intuía qué era lo que le pasaba al joven.
-Héctor, puede que suene paranoico, pero pasa que hay ciertas cosas de la vida de ella que no alcanzo a comprender-el muchacho se echó hacia atrás, se llevó una mano hacia la sien izquierda y prosiguió su dialogo con el cantinero-no sé nada de ella más que su nombre y apellido. ¡No sé dónde vive, si trabaja, si estudia, si tiene una doble vida!
En ese momento Héctor comenzó a mirar al joven con extrañes, no entendía a dónde quería llegar con lo que le estaba diciendo, sin embargo no quiso interrumpir el relato de David y lo dejó continuar:
-La verdad que a esta altura de la relación Irma solo aparece y desaparece de mi vida todos los días aquí o en mi departamento. Quizá sean ideas mías, ya sabes como soy, me enrosco y hago un mundo de algo que no tiene relevancia. Pero más allá de lo que te digo, yo creo que hay cosas que ella todavía no me dijo. ¿Será que es casada? ¿No tendrá novio, o pareja...o hasta hijos? ¡Hijos! ¿Entendés lo que significaría eso, Héctor?
El hombre miró a David, y también en su cabeza comenzaron a delinearse interrogantes que no podía responder. No dejaba de observar al joven que continuaba su charla con ademanes eufóricos, como si estuviera enojado:
-Te juro Héctor que cuando llegue Irma esta tarde a mi departamento le voy a preguntar todo lo que te dije. La incertidumbre me esta matando lentamente, ya no puedo más, no quiero que en mi vida ella pase a ser una en la lista de las que me lastimaron.
Terminó de beber el trago que le había servido unos minutos atrás el cantinero, y como si se llevara el mundo por delante, como si no tuviera nada enfrente de su rostro se dirigía con enojo, inseguro de si mismo hacia el departamento, donde se encontraba la joven en su espera
-Irma hay algo que me quema, que me duele, que me hiere el corazón. No sé nada de vos, nada... ¿Cuál es tu historia?-David se acercó a ella de manera brusca sin dejar de mirarla a los ojos.
-¡David se terminó!
-¿Qué es lo que se terminó? ¿Nuestra relación?
-No..., tu historia... nuestra historia... esta historia.
-¿Pero de qué estas hablando? ¿Qué es lo que me estas diciendo? Cada vez me confundís más.
-Ya no- y en ese preciso momento entró en el departamento Nieve.
-Esta es nuestra historia y se tiene que terminar, nosotras te creamos, somos las autoras de tu vida-dijo la joven que acababa de ingresar a escena.
-Si no soy real, si todo es una mentira ¿por qué me enamoraste?
-Lo hubieses pensado antes de mirar a Emma. Se nos termina la hoja. Nos vamos.
miércoles, 18 de julio de 2007
La Calumnia
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1 comentario:
naty:
el cuento es creación de ambas... pero la verdad que te agracezco por permitir que mi imaginacion vuele al recrear las situaciones por las que atravieza nuestro guapo David Lago. La primer parte es el punta pie inicial a la aventura "real" por la que pasa el protagonista, y sin esa primer parte nada seriaposible en la historia .te felicito por lo que hemos creado...espero que a los demas les guste tanto como ami... besos...suerte....y que te garue finito compañera...jajaja
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