viernes, 20 de julio de 2007


No Supieron Comprender Los Principales Protagonistas La Historia Argentina


Desde su formación como Estado-Nación, la historia de la Argentina estuvo sellada por luchas entre clases antagónicas. Estas disputas propiciaron diferencias que se fueron acentuando a lo largo de su existencia y llevaron a peleas que determinaron que el país se dividiera según su condición y origen social.
“Hoy ataca Usted al vencedor de Rosas con la violencia con que atacó en otro tiempo a sus sostenedores: atacaría Usted, probablemente, al hijo del sol, si estuviese en lugar de Juan Alberdi de Urquiza, a Varela, a Rivadavia (…). Así juzga Juan Bautista Alberdi, en Cartas Quillotanas, a la demagogia de Domingo Faustino Sarmiento, haciendo referencia al ataque que éste protagonizó en contra de Urquiza, desde el periodismo que ejerció en Chile.
Es que la historia de nuestro país estuvo marcada por sucesión de traidores y traicionados que no escapó ni al periodismo ni a la literatura.
Sarmiento, como escritor y político, al igual que Esteban Echeverria, atacó al “Restaurador” cuando éste dirigía la política de nuestro país. Cuando Urquiza derrocó al “tirano” de Rosas y presidió a la Nación, Sarmiento continuó con su misma política agresiva.

Un Cambio Que No Tuvo Éxito En Un País Con Privilegios Desperdiciados

Pasaron los años y nada cambió. Con la llegada de la Ley Sanz Peña el pueblo tuvo la oportunidad de elegir a sus representantes. En ese marco, Hipólito Yrigoyen fue elegido, en 1916, el primer presidente constitucional que tuvo la República con el voto popular. Sin embargo, los que creían que un destino diferente era posible se acordaba tarde de que Yrigoyen le abrió las puertas a un basto sector de la sociedad que estaba rezagado.
Lo mismo ocurrió en tiempo más tarde, cuando Bioy Casares y Jorge Luis Borges, no dudaron en atacar a Juan Domingo Perón, el presidente que más beneficios otorgó a la clase trabajadora.
Entonces, es a través de la literatura que se observa cómo nuestra clase dirigente nunca apostó al progreso colectivo del pueblo, sino que se disputaron el poder por simples intereses mezquinos.
Es así como Sarmiento asegura que el mal que aqueja a la Argentina es el desierto que lo rodea por todas partes. Sin embargo, señala que “la parte deshabitada de este país es privilegiado en dones y que encierra a todos los climas”
Esto lo refleja Scalabrini Ortiz, cuando indirectamente hace referencia a los beneficios que, en su momento, brindó el modelo agro exportador: “El labriego europeo invadió la Pampa fascinado. La verdad de las extensiones fértiles excedía en mucho los más ávidos ensueños de su imaginación. La labró, la dividió en parcelas (…) La llanura se inflamó, alborotada por el animoso vigor europeo”3
Pero para que la población “civil” lograse extenderse en el territorio hizo falta una masacre; para desarrollar ese sistema económico y social eran necesario tierras. Para lograr el objetivo se exterminó al indio, odiado tanto por Rosas como el gaucho por Sarmiento. Se lo persiguió y se lo arrancó de la Pampa para enviar más al sur con la “Campaña del Desierto” y, prácticamente, se lo aniquiló como especie.
Estas disputas impusieron diferencias que se fueron sobresaliendo a lo largo de la historia de nuestra Patria y fueron acentuándose con el correr de los años, lo que permitió que la población del país se partiera en dos pedazos con orígenes, destinos, privilegios y sueños diferentes.
En El Matadero, Esteban Echeverría se refiere a una situación similar cuando retrataba el poder del Restaurador, que es el mismo que tiene la Iglesia. Estos, el poder político y/o eclesiástico algún día (señala) quizás tengan la posibilidad de prohibir respirar el aire libre, pasearse y conversar con un amigo.

Las Diferencias Se Ahondan Y Terminan Con La Reivindicación De Sólo Un Hombre

En 1946 llega el Moustro al Gobierno como Presidente Constitucional. Borges y Bioy Casares se ven, entonces, horrorizados por el avance de una clase que comienza a perturbar sus intereses, que inicia a ocupar lugares que hasta entonces se les habían silenciado. Los moustritos, es decir, la clase obrera y popular, ocuparon plazas, concurrió a cines y parques. Los humildes recibieron los beneficios que Sarmiento les vedó.
El país atravesó siempre la misma lucha.
La misma pelea que tuvieron los indios con Rosas, la sufrieron los gauchos con Sarmiento y, en este tramo de la historia Argentina era el turno de los “cabecitas negras”, con oligarcas como Borges.
Este autor, de la misma clase autócrata que Sarmiento, fue educado en Francia, donde evidentemente se “enamoro” del europeo y adquirió el desprestigio por lo nacional.
Cortázar, en Casa Tomada, se refiere a la misma escena. La casa, la tomo el moustro, Perón, quien amparó a los cabecitas negras. Estos autores, veían a los del interior como lo inculto. Nada de lo venía del interior podía ser bueno.
El fantasma que ve Cortázar, al igual que el Moustro que describe Borges, es la persona que le cumplió sueños a millones de argentinos que nunca habían tenido los beneficios que este gobierno, legítimamente, les otorgó.
Por eso la adversidad de esos autores contra el pueblo y, en especial, frente a la figura de ese líder que supo reivindicar a aquellos que nunca supieron lo que era salud, trabajo y educación.
¿Será que las personalidades que hoy representan los privilegios de personajes como los que encarnaron Sarmiento, Borges, Bioy Casares, entre otros, deberían aprender de una u otra manera que existe una realidad diferente a la que ellos vieron y representaron, y que otro destino es posible?.
Estos personajes, sólo hacen hincapié al hombre de Corrientes y Esmeralda, “esa combinación de razas” de lo que habla Scalabrini Ortiz, la misma que quiso enraizar Sarmiento por odio a lo latino. Porque el porteño, para el gran educador, representó la civilización debido a que como dice el autor de “El hombre que está sólo y espera”, el porteño representa el “centro del país”.


Autor: Sáenz Benites, Celeste Noelia

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